El diálogo Critón, es de los primeros escritos de Platón después de la muerte (¿del asesinato?) de Sócrates. En la referencia que se tiene, solamente la Apología de Sócrates le antecede.
En el diálogo Critón de Platón, las ideas políticas de Sócrates se manifiestan de forma dramática a través de su decisión de aceptar la condena a muerte, rechazando la oportunidad de huir. Su postura se articula en torno a tres ideas políticas fundamentales:
- la preeminencia de la razón sobre la opinión de la mayoría,
- el deber de no cometer injusticias (ni siquiera en respuesta a una), y
- la obligación de obedecer las leyes de la ciudad en virtud de un pacto social implícito.
A continuación, se presentan las citas textuales que respaldan estas ideas.
La opinión de la mayoría y el juicio de los entendidos. Sócrates establece un principio epistemológico y político clave: no se debe seguir la opinión de la mayoría, sino la del que entiende, especialmente en asuntos de justicia. Crítica a la opinión popular:
Cuando Critón le advierte sobre el daño que la mayoría puede causar, Sócrates responde: "Ojalá, Critón, el pueblo fuese capaz de cometer los mayores males, porque de esta manera sería también capaz de hacer los más grandes bienes. Esto sería una gran fortuna, pero no puede ni lo uno ni lo otro; porque no depende de él hacer a los hombres sabios o insensatos. El pueblo juzga y obra a la ventura."
Sócrates argumenta que solo importa la opinión de quienes son sensatos y conocen la justicia, comparándolo con el consejo de un médico para la salud del cuerpo. "¿acaso debemos nosotros seguir la· opinión de la mayoría y temerla, o la de uno solo que entienda, si lo hay, al cual hay que respetar y temer más que a todos los otros juntos?"
No cometer injusticia bajo ninguna circunstancia. El núcleo ético de su decisión es la convicción de que lo importante no es vivir, sino vivir bien y con justicia, y que bajo ningún concepto se debe obrar mal. Para Sócrates, la reputación, los hijos o el dinero no son lo principal frente a la justicia. "Sócrates dice a Critón que lo que importa es el vivir bien (de forma justa), sin importar si se es condenado a muerte. La reputación, el dinero, y los hijos no son lo más importantes a tener en cuenta en este caso, sino solamente si escapar de prisión sería una acción justa."
Prohibición de devolver injuria por injuria: este es el principio que invalida la fuga, pues aunque la sentencia sea injusta, huir sería una represalia igualmente injusta. "Sócrates recuerda a Critón que en ningún caso hay que hacer el mal voluntariamente, por lo tanto de ningún modo es bueno y honrado hacer el mal. (...) Continua diciendo que de ningún modo se debe cometer injusticia, luego de ningún modo se debe contestar injusticia con injusticia."
El pacto con las leyes y el deber de obediencia. La argumentación más extensa y famosa del diálogo es la "prosopopeya de las Leyes", donde Sócrates imagina que las leyes de Atenas le hablan para recordarle el pacto que ha hecho con ellas al vivir en la ciudad. Las Leyes le preguntan si, al huir, no intenta destruirlas a ellas y al Estado, cuya existencia depende de que las sentencias tengan fuerza. "¿Con qué cargo vienes contra nosotras?". Y le advierten: si cada condenado se evade cuando pierde, ¿qué queda del orden común? La ley se vuelve una conveniencia privada, y el pacto se disuelve."
Las leyes argumentan que Sócrates, al permanecer en Atenas toda su vida, aceptó voluntariamente sus términos y se benefició de ellos, por lo que no puede ahora rechazar sus consecuencias. Las leyes, en el diálogo, formulan además un reproche que suena moderno: 'Has vivido siempre bajo nosotras; te casaste, educaste y te beneficiaste de esta ciudad. Si no te convencíamos, pudiste irte'. La idea no es que el ciudadano no pueda criticar la ley; es que no puede presentarse como ajeno al pacto justo cuando el pacto le resulta costoso.
Frente a la ley, el ciudadano tiene dos caminos: persuadirla u obedecerla. Huir no es ninguna de las dos cosas. "frente a la ley, el ciudadano tiene dos caminos legítimos: persuadirla u obedecerla . Persuadirla significa discutirla por vías institucionales, reclamar, impugnar, argumentar. Obedecerla significa acatarla cuando, agotados los medios, la decisión queda en firme. Escapar, en cambio, no es persuadir ni obedecer: es sustituir el derecho por la fuerza o el engaño." "Es preciso respetar la patria en su cólera, tener con ella la sumisión y miramientos que se tiene a un padre, convencerla por la persuasión o ejecutar sus órdenes, sufrir sin murmurar todo lo que se quiera que se sufra".
La injusticia de la sentencia no justifica el acto injusto: Sócrates imagina el diálogo con las leyes, que le preguntan cómo respondería a la acusación de que la ciudad lo juzgó mal. Su silencio implica que esa queja no justifica la desobediencia. "¿Qué podríamos responder, Critón, a este cargo y otros semejantes? Porque, qué no diría, especialmente un orador, en defensa de esta ley destruida por nosotros que ordena que los fallos dados se cumplan? ¿Responderemos nosotros: 'El estado nos ha hecho injusticia y nos ha juzgado mal?'"
En resumen, las ideas políticas de Sócrates en el Critón presentan a un ciudadano que, ante un conflicto, prioriza los principios éticos universales (no cometer injusticia) sobre las consecuencias personales, y fundamenta su obediencia a las leyes en un contrato social que le ha dado identidad y protección, y al cual no puede renunciar en el momento adverso.
Fuente: Deep Seek, ChatGPT, Diálogos de Platón, Critón.
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