martes, 3 de junio de 2014

Para definir Sociología Política

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Notas
Para definir Sociología Política

La Sociología Política es una disciplina científica de la Sociología. Una aplicación de la Sociología al estudio de los fenómenos políticos. La Sociología Política examina la raíz social de los procesos políticos y la interrelación de los problemas del poder del Estado, con la Sociedad. Son dimensiones sujetas al análisis de la Sociología Política:
  1. La condiciones tecnológicas en que se encuentra una sociedad, cómo la tecnología es usada para la conquista y el mantenimiento del poder del Estado y como ello repercute en el predominio de un sector social sobre otro: clase, capa, estamento y/casta social sobre otro u otros.
  2. Los intereses materiales, especialmente los económicos de los sectores sociales son en esencia de acciones y reacciones políticas y al final reflejan disputas por el dominio de la riqueza concebida en términos económicos. 
  3. Los intereses económicos establecen prioridades y formas voluntarias o involuntarias de construcción de la correlación social de fuerzas para la consecución, mantenimiento, modificación y/o supresión del poder político.
  4. Los procesos de socialización de las fuerzas políticas colectivas o personales. Extracción social y familiar, conciencia, adscripción partidaria, ideología, costumbres, cultura, valores, métodos y procedimientos para el ejercicio de la lucha por el poder.
  5. Partidos Políticos, su composición social, ideario, movilidad social política, grupos de control y de presión social, ideología y su raíz por la extracción social familiar y laboral o grupos sociales de pertenencia y adscripción política. 
  6. Status, rol, papel o función del político y los Partidos Políticos.
Mientras más avanzada es una sociedad, la política como actividad humana se encuentra cada vez más diferenciada y dignificada. La Política es la ocupación humana por el bienestar colectivo  Y en ella existe división del trabajo: científicos políticos, funcionarios políticos, activistas políticos, dirigentes políticos.

La Sociología Política es una disciplina de la Sociología relacionada principalmente con la política como ciencia.

Evaristo Hernández
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martes, 1 de abril de 2014

Lucha de clases sociales

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LUCHA DE CLASES Y CAMBIO SOCIAL
(La necesidad del Frente de masas)

Oscar A. Fernández O.

El exiguo crecimiento económico sigue beneficiando, con pocas excepciones, casi exclusivamente a las transnacionales imperialistas, la élite capitalista local y a sectores muy limitados de las capas medias; para el resto de la población el tan pregonado milagro, una vez más, se ha quedado en casi nada, a pesar de los esfuerzos de gobiernos progresistas que comienzan a marcar la diferencia en América Latina.

El abismo creciente entre el lujo del que disfruta un pequeñísimo grupo y la miseria en que vive sumida la inmensa mayoría de la población, está provocando un aumento del malestar social que ha comenzado a expresarse ya en importantes luchas obreras, campesinas y estudiantiles, huelgas generales, el inicio de divisiones en el seno de la clase dominante y el resurgir de una contestación por la izquierda en diferentes organizaciones obreras y populares del continente.

La lucha de clases ha vuelto a llamar a la puerta y ese espejismo de estabilidad política eufemísticamente llamada “gobernabilidad” y el aumento desmedido de la acumulación de capital, que los burgueses latinoamericanos soñaban eterno, comienza a romperse en pedazos. Han dejado de gobernar con la aceptación de las masas engañadas y ahora defienden su “modelo” con el uso de la fuerza y la sedición. Han pretendido reducir el Estado a un instrumento represor en esencia.

La acumulación capitalista se desarrolla siguiendo una pauta muy desigual, lo que tiene consecuencias importantes sobre la naturaleza e intensidad de la lucha de clases. Además, las reacciones concretas de los trabajadores y, sobre todo, del Estado capitalista hacia la situación general de la economía han dado forma al grado de intensificación de la lucha de clases y de la ofensiva de los dos «polos» principales (capital y mano de obra) (Petras: 2011)

La actual crisis mundial que comienza por la crisis en Estados Unidos y su agresividad guerrerista imperial, en Latinoamérica ha comenzado a erupcionar. La lucha de clases vuelve a la palestra con una recomposición en su seno pero con un proceso de concienciación que se profundiza. Ninguno de los graves problemas que arrastra el sistema que hoy les provocan espanto, ha sido atajado. La verdadera causa de la crisis es la sobreproducción, la pérdida de la capacidad adquisitiva y la corrupción del gran capital transnacional, que padece el sistema a nivel mundial.

Mientras la capacidad para producir bienes y servicios (impulsada por los deslumbrantes avances tecnológicos de las últimas décadas) es ilimitada, la capacidad de consumo de los trabajadores se ve constantemente reducida por los beneficios capitalistas (concentración de la riqueza) El boom de los 90s y principios de este siglo, se ha basado en todos los países, entre otros factores, en un incremento brutal en los ritmos y la duración de la jornada de trabajo; la precarización laboral y los descensos salariales; en general la llamada “liberalización del mercado laboral” como en la sustitución masiva de mano de obra por las nuevas tecnológicas.

De este modo lograron reducir los costes de producción y aumentaron su tasa de beneficios, reanimando por un período la inversión. Pero esto, en lugar de paliarlas, exacerba a medio plazo las contradicciones del sistema. Las caídas salariales y despidos repercuten inevitablemente en el poder adquisitivo y recortan los mercados. Más inversión y tecnología significa, en última instancia, que para reproducir y ampliar el capital invertido los capitalistas necesitan ahora extraer más plusvalía de los obreros y vender un mayor volumen de productos, a fin de realizar sus beneficios, del que los mercados pueden absorber. La explotación y los niveles de ganancia y acumulación, han llegado a límites insospechados.

Cada capitalista individual y cada burguesía nacional, intenta afrontar esta crisis de sobrecapacidad productiva compitiendo por aumentar su cuota de mercado en detrimento de los demás y rebajando costes de producción mediante nuevas reducciones de empleo, recortes salariales, más flexibilidad laboral. El resultado, no hace falta decirlo, es dar nuevas alas a la crisis. Mientras, las naciones caen en una descomunal espiral de consumismo-desempleo-alto costo de la vida-reducción de los beneficios sociales (M. Campos: 2010)

El papel adjudicado a los países del antiguo mundo colonial en la división internacional del trabajo, impuesta por el imperialismo, sigue siendo el de proveedores de mano de obra y materias primas baratas. Bajo la máscara de la tan gastada globalización, se oculta una explotación descarnada de los mercados del mundo colonial por parte de las multinacionales imperialistas. Su objetivo no es otro que encontrar nuevos campos de inversión donde colocar su excedente de capital y restaurar su tasa de beneficios mediante la explotación salvaje de las masas. Es para la generalidad de los países bajo la férula neocolonial, un regreso al modelo de importación.

A través del FMI, el Banco Mundial o la Organización Mundial de Comercio (OMC), los imperialistas dictan durísimos planes de ajuste que los respectivos gobiernos y burguesías nacionales deben acatar sin reclamo, so pena de acabar marginados en el reparto de créditos y ayudas de estos organismos y privados de la todopoderosa "confianza de los inversores". Se han intensificado así los intercambios desiguales de productos elaborados con más valor añadido (y mayor precio) procedentes de Europa, China, USA y Japón, a cambio de materias primas -commodity- (con menos valor incorporado) salidas de la región, uno de los mecanismos imperialistas que sangra a las economías latinoamericanas desde hace décadas.

Los únicos beneficiados por estas políticas, junto naturalmente a las multinacionales imperialistas, son los sectores más poderosos de las burguesías latinoamericanas, cuyos beneficios dependen cada vez más del mantenimiento de estrechos vínculos políticos y económicos (intercambios comerciales, inversiones conjuntas) con esas mismas multinacionales.

La lucha de clases no es una cuestión inventada ni un simple aforismo ideológico de las izquierdas marxistas, es una contradicción congénita que se expresa  en relación capital-trabajo-plusvalía, la cual genera la explotación de una clase dueña de los medios de producción  (burguesía)  sobre la  otra que es la fuerza de trabajo (clase trabajadora) Una renovada protesta social –que a nivel regional ha crecido en los últimos años– y la acción de movimientos sociales y populares con características diferentes de aquellos que habían ocupado el centro de la escena en el pasado inmediato.

Este proceso, en el marco de la crisis económica que atravesó a la mayor parte de la región (y no solamente a ella) y frente a los intentos de profundizar las políticas neoliberales, se tradujo en algunos casos en “levantamientos populares, en la constitución de “mayorías electorales” críticas al neoliberalismo e incluso en la reaparición de un discurso político alternativo que propone la construcción de una democracia de esencia popular. Por eso el FMLN ganó las elecciones de forma inédita y el otro partido, representante de la más rancia oligarquía, perdió a pesar de sus desgastados trucos y amaños.

En su diversidad, estos procesos señalan la creciente crisis de legitimidad que cuestiona a las formas culturales, económicas y políticas que han sostenido  la aplicación del neoliberalismo. Considerando la evolución de la conflictividad social  actual en términos regionales, en El Salvador ha habido un ascenso sostenido del 2000 al 2008. Hay levantamientos y protestas espontáneas por el agua, la minería, el alto costo de la vida, etc. Sin embargo hace falta mayor organización de todos estos nuevos grupos que han aparecido a raíz del desmembramiento de la clase trabajadora. Un último rasgo que quisiéramos remarcar son las experiencias de los movimientos sociales de construir puntos de acción convergentes o coordinaciones sostenidas en espacios organizativos amplios para manifestarse contra las políticas económicas en la región o en apoyo de los gobiernos que están haciendo los cambios sociales pertinentes y avanzan en la descolonización de sus naciones.

Esta situación de protesta social, aunque todavía no es generalizada, resulta de significativa importancia para comprender los impactos políticos, económicos y sociales que las mismas encierran, además de la reconfiguración en curso de la hegemonía norteamericana y de las oligarquías burguesas locales y de sus estrategias de dominación regional, que incluye la sedición contra los gobiernos progresistas no afines a Washington, como el caso de Venezuela.

La observación y análisis de las resistencias sociales que ya están despertando estas políticas, son de una importancia decisiva para entender las dinámicas contra hegemónicas que probablemente se manifestarán  con mayor énfasis en lo que resta por venir (Tadei: 2000) Finalmente creo que es importante discutir  y comprobar la hipótesis que si en El Salvador  están dadas las causales objetivas  para arribar a un cambio histórico de rumbo, o si falta que se desarrollen con mayor celeridad los factores organizativos y de conciencia del pueblo, para lograr cambios estructurales y defenderlos.
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lunes, 3 de marzo de 2014

Criterios sobre Poder y Democracia Popular

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CONSTRUYENDO PODER Y DEMOCRACIA POPULAR.
Oscar A. Fernández O.

«Que ningún ciudadano sea suficientemente opulento como para comprar a otro, ni ninguno tan pobre como para ser obligado a venderse».
J. J. Rousseau  «El Contrato Social».

Existen ciertas explicaciones que a partir de la actividad política actual, se debaten en el plano teórico. Esta discusión, en la que intervienen intelectuales de diversos lugares, interviene evidentemente en las acciones políticas concretas, ya que los funcionarios políticos, los ciudadanos, militantes y representantes, organizan explícita o implícitamente sus prácticas políticas en tales desarrollos teóricos. Así la democracia representativa liberal (burguesa) pasa por ser la concepción misma de democracia, sin admitir otras tesis sobre esa categoría; la perspectiva anarquista de disolución del Estado, pasa por ser la posición obligatoria de un movimiento social o político que coincide, con las diferencias del caso, en enfoques posmodernos y de extrema izquierda al mismo tiempo; o el ejercicio del liderazgo político, las derechas lo tildan con suma parcialidad, como dictadura populista. 

Estos diagnósticos teóricos sumamente cuestionables, distorsionan las prácticas políticas, dispersan los esfuerzos de militantes revolucionarios guiados por principios muy generosos (aunque no hay que olvidar el dicho popular de que “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”), o niegan la posibilidad de funciones políticas necesarias para el desarrollo social. (Dussel: 2010) 

Estamos obligados pues, a hacer algunas reflexiones de los temas que paralizan actualmente las voluntades políticas y que nos impide actuar más creativa, activa, conjunta y rotundamente. 

En la era de la globalización, interdependencia económica y ampliación del libre mercado, y los nuevos valores y estándares del orden mundial, nos parece normal concebir al Estado y al gobierno sin ningún peso frente a la acción de los poderosos actores privados, los cuales han adquirido de manera exponencial, un peso desproporcionado en los últimos veinte años. Aquél ser humano que se definiera como el animal político es hoy el “animal económico”, al mismo tiempo que toda cuestión política es vista como técnica. El aplastante peso del “mercado global” aparentemente marca el fin de las ideologías, donde un liberalismo “remozado” y su concepto de sociedad civil trajeron el “fin de la historia” o como dicen algunos teóricos y políticos indefinibles: el más allá de izquierdas y derechas. ¿No les parece una ironía?

Ante la clásica deficiencia de pensamiento propio, pseudo teóricos e intelectuales, algunos que se autodefinen de “izquierda democrática” -como si las izquierdas no son por naturaleza populares- abusando del pensamiento marxista, tratan de resaltar: 

1. La preponderancia de la libertad económica de la sociedad; 

2. La supremacía de la esfera privada sobre la pública; 

3. La importancia creciente del “consenso” y la persuasión como instrumentos de legitimación política y conciliación de clases; 

4. La consecuente percepción de la decadencia del papel y la utilización de la fuerza como instrumentos necesarios para la acción del Estado; 

y 5. La inviabilidad de la revolución, pues basta con hacer que el capitalismo sea “un poco más humano”.

Creo que la cuestión central, al decir de Chosmky, no es simplemente la manipulación informativa, sino algo de dimensiones mucho mayores. “Se trata de si queremos vivir en una sociedad emancipada o bajo una forma de totalitarismo autoimpuesto, en el que el rebaño desconcertado se encuentra, además, marginado, dirigido, amedrentado y sometido a la repetición inconsciente de eslóganes patrióticos e imbuido de un temor reverencial hacia el oligarca que le salva de la destrucción, mientras que las masas que han alcanzado un nivel cultural superior marchan a toque de corneta repitiendo aquellos mismos eslóganes que, dentro de nuestro país ya están degradados”. (Chomsky: 1993)

No olvidemos nunca, que ninguna decisión política es neutral. Todas obedecen a criterios ideológicos solapados bajo los discursos previamente diseñados en los laboratorios de imagen y propaganda de los emisarios políticos de estos estereotipos venidos a menos. O cambiamos las palabras, al mismo tiempo que el discurso ideológico y la agenda política, o ellas nos transformarán a nosotros.

Sin embargo, con el correr de la historia actual, varias corrientes de pensamientos políticos de izquierdas (especialmente socialdemócratas y socialistas), han llegado a desarrollar básicamente una misma idea política que se asocia con dos nociones interrelacionadas y contrarias a la vez: la política como actividad que se funda en la búsqueda del bien común y la política como una lucha por el interés y la ventaja. 

Así, la política y el Estado giran alrededor de dos extremos dinámicos: la búsqueda de la comunidad, la solidaridad y el compromiso (consentimiento consciente), por un lado y del poder (fuerza) por el otro. 

Pero hoy el Estado está dejando de ser el gran regulador de las relaciones sociales, buscando la concordia de la sociedad, en pos de objetivos comunes trascendentes como el progreso, el desarrollo social, etc., ya que esto puede concretarse sin su intervención, hacerse presente a través del mercado, sostienen sus teóricos y tecnócratas. 

Sin embargo, las limitaciones de la autorregulación en el plano social, particularmente en el caso de las sociedades latinoamericanas, exigen constantemente apoyo mediante la intervención de la política y lo político. El mercado ha invadido la política, transformando el espacio, los modos de su acción y sus actores. Creyéndose dueños de la historia los grupos del poder han decretado su final: todo empieza y termina en el Dios mercado (Rauber, I: 2001)

Por eso, la construcción de un nuevo poder, el poder popular y la construcción del nuevo sujeto político, resultan aspectos capitales de un mismo proceso que, en la medida de su maduración, implicará acercamientos a tesis más universales en cuanto al programa de cambios sociales, cuestión que tomará más fuerza en la medida que se vaya logrando la articulación de los diferentes sujetos sociales y su vanguardia política, es decir, en la medida que éstos se vayan constituyendo en sujetos plenos y conformando colectivamente el sujeto histórico de la transformación.

El verdadero poder popular ira apareciendo en escena, conforme confluyan luchas parciales, se unifiquen las fuerzas políticamente en lo esencial y avancen hacia la creación de un Estado diferente, contrario al Estado oligárquico-burgués. Desde este momento el poder popular unitario irrumpe en la escena, recrudeciendo el odio de la oligarquía y la extrema derecha, por lo que la defensa de nuestros avances se vuelve una prioridad nacional. 
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miércoles, 26 de febrero de 2014

Sedición Facista

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Las negrillas son para efectos de estudio y la supresión de algunos párrafos (...) para lo que se consideró edición necesaria para la coherencia del artículo.
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VENEZUELA: LA SEDICIÓN FASCISTA EN AMÉRICA LATINA

Oscar A. Fernández O.

“El enemigo principal de cada uno de los pueblos está en su propio país” Karl Liebknecht.

“El jefe político de la derecha fascista deberá responder por sus llamados a la sedición” dijo el presidente Nicolás Maduro en un discurso público, divulgado por el periódico argentino Uno“. Venezuela se encuentra hoy bajo un ataque de la oligarquía fascista que instrumentaliza, para sus fines facciosos, los problemas frecuentes de un país como tantos en el mundo que evidencian conflictos, que la prensa pro-imperialista hoy trata de ocultar, centrando sus baterías, mintiendo y deformando la realidad de Venezuela

Venezuela es sin duda en América Latina, la cereza del pastel como suele decirse y Centroamérica, especialmente El Salvador y Nicaragua, están en la lista sediciosa acuerpada por una confabulación continental de las ultraderechas criollas, también desplazadas del control de varios de nuestros países. Las oligarquías mafiosas de Colombia en el sur y Honduras en Centroamérica, son los supuestos bastiones conspirativos para atentar contra las democracias instauradas en estas regiones. Las bases militares norteamericanas en estos países, son la plataforma armada para una “intervención necesaria”, que ya ha sido reclamada por algunas voces de los llamados “Halcones de Washington”. Son varios los países que ya son víctimas de la sedición imperialista, quienes abren focos de violencia por todo el planeta, con el objetivo de recobrar por la vía bélica, su debilitado control opresor.

La burguesía venezolana y el imperialismo estadounidense desde 1998 han estado intentando acabar con la revolución bolivariana. Pero es en abril de 2002 que logran el golpe de Estado, militar-empresarial, cuya derrota del mismo impidió la instalación de una dictadura fascista al estilo pinochetista, que hubiese asesinado y desaparecido a los revolucionarios, acabando con las aspiraciones de la clase trabajadora de liberarse de la servidumbre a la que la somete el capitalismo.

En diciembre de 2002, los fascistas intentan de nuevo asestar un golpe definitivo a la revolución venezolana. El fracaso del sabotaje petrolero significó la segunda derrota de la contrarrevolución, y fue la segunda de una serie de victorias populares que abrieron la posibilidad de crear amplios programas sociales (salud, educación, alimentación, vivienda, etc.). 

El tercero y cuarto intento, ha involucrado fuerzas paramilitares colombianas infiltradas en territorio venezolano, para promover un estado de excepción y el gobierno hiciera uso de la Fuerza Armada de forma represiva, según los cálculos de los conspiradores. 

Atacar la economía es un componente de la estrategia sediciosa, a través de desabastecimiento de productos de primera necesidad; aumento en los precios de los bienes de consumo; contrabando de los bienes de consumo; creación del mercado paralelo de venta y compra de dólar, con un valor de hasta ocho veces mayor al establecido por el Banco Central de Venezuela. 

El segundo componente es el denominado “caldeamiento de las calles” en varios estados. Calentamiento con jóvenes armados que ocasionan destrozos, heridos y fallecidos en Caracas que tiene como objetivo obligar a renunciar al Presidente Maduro, esto es, con una revuelta popular y acto seguido el golpe de Estado consiste en instaurar un gobierno dictatorial de carácter fascista, similar al de Pinochet en Chile hace más de tres décadas. 

Lo que en realidad deberíamos resaltar, en esta lamentable situación por la que atraviesa el hermano pueblo venezolano, es en primer lugar los logros sociales establecidos por la revolución, que jamás ha realizado la ultraderecha, que terminó sus días de gobierno por que la corrupción, consustancial a estos grupos, era ya inocultable. En seguida está la independencia construida desde el nacionalismo del pueblo y la solidaridad mostrada con los demás pueblos de Centro y Sur América. Es un país que busca decidir su propio presente y futuro, sin que otros les ordenen.

(...)

Esta realidad, a nosotros los salvadoreños, nos alerta en el sentido de que los fascistas locales y los sangrientos halcones norteamericanos, han estado planificando realizar sus locuras frente al inevitable triunfo de la izquierda revolucionaria y sus aliados progresistas (existen signos reveladores), por lo que tenemos, sin mayor tardanza, que priorizar el fortalecimiento del ejército político de las masas trabajadoras, que en un Frente Amplio, se congreguen para defender los logros hasta hoy alcanzados y empujen para profundizar los cambios necesarios hacia un Estado de todos y todas las salvadoreñas, a través del pensamiento crítico y autocrítico, para evitar las tradiciones indeseables promovidas por un sistema corrupto tradicional instaurado por la oligarquía burguesa, tales como el servilismo, la obediencia ciega, la adulación, el abuso de autoridad, el oportunismo, la corrupción y el burocratismo. 

Enfrente está el imperio, sus halcones, sus bombas guiadas, sus “Thinks Tanks” o en realidad “War Thanks”, encargados de destruir propuestas, fabricar sediciones y guerras, generar contrapropuestas y clonar ideas, que usurpan las banderas históricas de las luchas emancipadoras, pero dirigidas a corromper cualquier avance de los pueblos. Hay una guerra permanente que se disfraza de paz, democracia y derechos humanos, cuando la política imperial es la continuación de la guerra por otros medios. En un proceso donde los espacios nacionales, en estricto sentido, van desapareciendo.

Frente a esta nueva ofensiva imperialista se hace necesario que la solidaridad internacional con el pueblo y el gobierno de Venezuela se haga sentir de forma preeminente. Hoy, Venezuela necesita que América Latina y el Caribe le devolvamos con hechos, todas las muestras de apoyo que ese país ha ido generando hacia nuestro continente, a lo largo de estos últimos lustros de construcción de la revolución.

"¡Alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina!”
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martes, 11 de febrero de 2014

Las Elecciones y el Circo

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LOS « FREAK SHOW »

Oscar A. Fernández O.

Trasladémonos momentáneamente, ayudados por nuestra máquina del tiempo imaginaria, al siglo XVIII, a Norteamérica en plena guerra de secesión y revivamos aquellos shows del género teatral y circense que dieron en llamarse vodevil (del término francés voix de ville). Estos espectáculos itinerantes como los circos y los dime museums, eran populares entre la población por representar una gran novedad al exhibir actos sorprendentes, animales exóticos, objetos extraños y personas con capacidades únicas o con anomalías físicas.

Pues bien, no sé si mi imaginación es demasiado alcanzativa, pero tengo esta sensación de deja vú, como si lo hubiese vivido, de estar entrando a una de esas carpas tan comunes en aquel tiempo, para aliviar el tedio que inundaba aquellas vastas llanuras casi inhabitadas. 

Desde hace algún tiempo, los canales de televisión, propiedad de grandes magnates de la “comunicación” (sic!), reconvertidos en verdaderos aparatos de propaganda, contra propaganda e intoxicación informativa, han desatado una ofensiva contra el FMLN y el Gobierno actual, que antes por razones obvias, no existía (hoy, por ejemplo, es indigno y despreciable, denunciar y buscar a los inveterados corruptos que nos han saqueado desde siempre…diciendo que esto es persecución política…¡antes solo se callaba!)

Pues bien, haciendo uso del llamado “poder mediático” estos canales subsidiarios de gigantes empresas extranjeras, que se han visto involucradas hasta en actos ilegales y que siempre están, extrañamente presentes, dónde hay fraudes electorales, golpes de estado, desestabilizaciones, etcétera, han recurrido a esta especie de freak show, explotando la morbosidad de la gente, para llamar la atención y captar audiencia, que tristemente, termina creyendo en que esta superchería es verdaderamente genial.

Como sacados de una máquina del tiempo, estos fenómenos políticos, llamados “analistas” (como si eso fuera un título) nos sobrecogen todas las mañanitas (cuando tomamos nuestro desayuno, como para que nos dé agruras) hablando cualquier bobería, sin importar que sea incoherente, con tal de que hable mal de esta gestión de gobierno y del FMLN, desgranando epítetos hasta inventados (como la izquierda burguesa) y otra serie de pifias, que no obedecen ni de cerca a la ciencia política, ni a su compendio empírico, ni mucho menos a su contenido teórico-científico.

Entre estos personajes del freak show en boga, figuran resentidos "pretentious and pseudo intelectual jargon" como suele decirse en inglés, que su más caro anhelo fue haber sido líderes de la izquierda orgánica y no pudieron; especuladores que un día se llamaron “revolucionarios” (de nuevo sic!) y lo único que querían era salir en la foto (además nunca se la jugaron aquí en el país); tránsfugas que cambiaron de genitales…perdón, de ideología, como cambiarse las medias; enanos intelectuales tan presumidos que creen que son gigantes; bohemios que pontifican como en una rueda de bebedores; fascistas insomnes (casi sociópatas) cuya verborrea ultraderechista sólo es comparable con su indigencia intelectual; petulantes condescendientes, que se ofrecen al mejor postor….en fin un verdadero vodevil. Para completar el show, cada vez que hay elecciones, sacan de sus polvorientos sarcófagos a verdaderos personajes de espanto, para que nos “ilustren” con sus sobrenaturales análisis acerca de la democracia y las fuerzas políticas.

La mayoría de estos personajes, para su “análisis” utilizan discursos, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantil, buscando obtener una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico, como la de un niño, nos advierte N. Chosmky.

Por su parte, el prodigio del transfuguismo de los otrora “izquierdistas” y la aparición fantasmal de verdaderos energúmenos fascistas en el palenque político, es una manifestación que nos la podemos explicar desde el hecho de que cada día, la lucha de clases se dibuja más claramente en esta sociedad de desigualdad casi absoluta: de un lado la oligarquía burguesa, su partido fascista y los coleópteros que revolotean a su alrededor, que a pie juntillas se han convencido de que “….quizás el capitalismo pueda llegar a ser más humano…” (Sic!) Del otro lado los explotados y marginados que siempre pagan “el pato”.

Ad portas de concretar nuestra segunda y definitiva victoria sobre los ultraderechistas oligarcas, el FMLN debe enfrentarse a este fenómeno de los tránsfugas, que en generosa alianza con las derechas, perjuran contra la primera y única fuerza política, capaz de realizar los cambios históricos que den al pueblo su digno lugar en la historia.

¿Tenemos desde la izquierda alguna cuota de responsabilidad en todo esto? Sin duda que sí. La izquierda consecuente, la de principios incorruptibles, la que sigue siendo en su esencia, popular, debe fortalecerse y articularse a los movimientos sociales en una propuesta de democracia de base, asamblearia, radical y de desarrollo de una vanguardia sólida. Entre otras, es la única garantía de no burocratizarse. Supone abandonar la concepción de que los sindicatos y los movimientos sociales sean simples votos o correas de transmisión del partido. Supone integrar la democracia electoral actual, a este proceso de consolidación junto al pueblo.
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martes, 21 de enero de 2014

Violencia Criminal

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Las negrillas son para efectos de estudio.
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ESTADO, SOCIEDAD Y VIOLENCIA CRIMINAL

Oscar A. Fernández O.

Sin atacar los factores que construyen el contexto y la base para la violencia y el crimen no se lograrán progresos en el desarrollo de los seres humanos en nuestras sociedades. 

La inseguridad se transfiere con facilidad. La seguridad es interdependiente. Ello requiere un abordaje comprensivo que dé cuenta de manera simultánea de diferentes políticas públicas tales como las referidas a: rediseño de los sistemas de seguridad, justicia penal, defensa nacional y el rol de los gobiernos locales; reformulación de las políticas sociales; el desarrollo de políticas que contribuyan a la cohesión e integración social; la construcción de un sistema efectivo y expedito de resolución de conflictos menores y un conjunto de iniciativas que permitan cualificar la capacidad de gobernar y desarrollar la democracia participativa. 

Para explicarnos objetivamente el fenómeno de la violencia y la inseguridad, debemos aceptar como premisas: 

1) la inseguridad no es causada por un factor, sino por la convergencia de muchos, ligados a vulnerabilidades humanas y sociales. 

2) La inseguridad de los ciudadanos es un obstáculo para el desarrollo humano, que sumado a la inadecuada repartición de la riqueza nacional, limita las posibilidades individuales para concebir y concretar un proyecto de vida, y erosiona la solidaridad y los valores positivos de una vida democrática. 

3) Es posible construir una sociedad más segura si se atienden las formas de vulnerabilidad social en que proliferan la violencia y el despojo, y se fortalecen los mecanismos colectivos de protección y capacidad de las personas para activarlos; 

4) Desarrollar la policía ligada a la comunidad, como un concepto de servicio público; 

5) Desarrollar la inteligencia policial y la investigación científica;

6) Atacar las causas fundamentales de la generalización del crimen que se encuentran en las asociaciones criminales de gran poder económico, generalmente ligadas al poder político.

En este contexto, los organismos de información pública juegan un papel importante. Una sociedad debidamente informada, potencia a las personas para encontrar respuestas y desarrollar acciones cooperativas. Por el contrario, en una sociedad con miedo se inhiben las capacidades, se incrementa la desconfianza y con ella la falta de cooperación. El aislamiento incrementa los riesgos. Comprender las diferentes expresiones de la violencia permitirá desarrollar mejores políticas públicas que tengan como norte el desarrollo humano, es decir, aumentar las opciones de las personas para que puedan mejorar sus vidas.

Hasta la llegada de la Ilustración, la ley penal fue utilizada brutalmente por los Estados y la Iglesia, como mecanismo de opresión y sometimiento a sus vasallos, por parte del señorío feudal y la monarquía. 

Las heridas dejadas por las dictaduras en la región, en muchos casos siguen abiertas, en la actualidad son exacerbadas por los grupos más conservadores, impulsadoras de modelos punitivos que castigan al excluido y protegen los intereses del gran capital. Esta misma idea que inspiraba al Derecho penal medieval es trasladada, con las lógicas distancias, a contextos históricos como el actual, en los que la normativa sancionatoria se constituye nuevamente, en el arma política más poderosa para atropellar los derechos y libertades fundamentales de una inmensa mayoría de marginados.

El terrorismo ejercido desde el Estado se expresó en genocidios, en desapariciones forzosas, en tortura y en las formas más aberrantes de práctica de la violencia del sistema. Nuestra sociedad y del resto de América Latina, debieron convivir con las "guerras internas", la violencia, la opresión y el miedo por décadas. Se buscó imponer un "orden" por la fuerza, fue la negación de la política y la legitimidad del poder abusivo. 

No existió el Estado de derecho, había un régimen de terror. La violencia era ejercida no sólo por actores "oficiales" sino por actores armados amparados por el Estado, pero al margen del respeto a la ley. "La naturaleza de la violencia política ejercitada en los años de dictadura militar no tiene paralelo con ningún momento de la historia latinoamericana" (Torres-Rivas, 1998). Sólo la brutal conquista de América puede ser equivalente.

Este conjunto de cambios en los sistemas políticos fue acompañado de un triste cambio en los patrones de inserción económica. El resultado fue debilitar aún más las capacidades del Estado para proveer bienes públicos y seguridad a sus ciudadanos. La polarización económica- social y la inequidad se asentaron como un rasgo característico de la región. Las sociedades post conflicto, las transiciones a la democracia y los desarrollos del modelo neoliberal redujeron las capacidades del Estado y le abrieron espacios a nuevos actores armados, a una nueva violencia.

La inseguridad en las sociedades latinoamericanas se encuentra más ligada a la debilidad del Estado, agravada por el modelo neoliberal, que a las nuevas fuerzas y actores. Nuevos tipos de conflictos reducen la capacidad de los Estados. Los países de la región encuentran grandes dificultades para enfrentar estos nuevos retos. Es decir, los actores no estatales ilegales poseen capacidad para constituirse en amenazas efectivas al Estado. La debilidad del Estado es una condición de inseguridad que lo afecta a él mismo, como a su población. Y va más allá. La inseguridad en un Estado genera una expansión de ésta a los vecinos. La inseguridad fluye más allá de las fronteras. De allí la preocupación creciente sobre los "espacios sin ley" que ya hemos denunciado. 

La transnacionalización del crimen ha aumentado los problemas que de él se derivan. El crimen organizado cruza las fronteras y sus acciones se relacionan con los distintos tipos de amenazas de carácter global. Para poder enfrentar esta nueva forma de criminalidad es necesario contar con una perspectiva y visión transnacional; esto significa coordinar políticas globales y locales, convirtiéndose esto en uno de los principales retos que poseen los Estados, las sociedades y todos los actores que buscan enfrentar este flagelo.

Si el abuso del Estado generaba la mayor amenaza para la población, durante las dictaduras y la Guerra Fría, en la actualidad la debilidad o la ausencia del Estado se constituyen en el mayor detonante de la inseguridad en América Latina. Los Estados están desarrollando una “guerra” continua contra la violencia y el crimen, las cuales poseen múltiples manifestaciones. Esta forma de enfrentamiento corresponde a lo que se denominan las "guerras de la globalización" o "nuevas guerras". 

Éstas implican un des-dibujamiento de las distinciones entre guerra (normalmente definida como la violencia por motivos políticos entre Estados o grupos políticos organizados), crimen organizado (la violencia por motivos particulares, en general el beneficio económico, ejercida por grupos organizados privados) y violaciones a gran escala de los derechos humanos (la violencia contra personas individuales ejercida por Estados o grupos organizados políticamente). Las nuevas “guerras contra el crimen y la violencia” se vinculan a la erosión del Estado, a la aparición de Estados debilitados que en lo esencial han perdido el monopolio en el uso racional de la fuerza. 

Por tanto, la compleja solución a esta problemática social, pasa necesariamente por el fortalecimiento del Estado efectivamente democrático y el acercamiento prioritario y efectivo con los sectores poblaciones marginados y excluidos. 
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miércoles, 8 de enero de 2014

Representación y Democracia

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REPRESENTACIÓN POLITICA Y DEMOCRACIA POPULAR

Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.
Jorge Luis Borges.

Oscar A. Fernández O.

¿Qué significa la representación política? ¿De qué modo representan las instituciones, los partidos, y en particular, los líderes políticos? ¿Qué se representa, una idea, un valor, algún otro tipo de “abstracción”, o intereses, opiniones y voluntades concretas?, éstas y otras interrogantes nos plantea Marcos Novarro, en su libro Representación y Liderazgo en las democracias contemporáneas.

Más allá de todas estas dudas que suscitan apasionadas discusiones en los foros políticos, muchas veces hasta el punto del desatino como sucede con voceros de los liderazgos políticos de ultraderecha, de la Sala constitucional de la Suprema Corte de Justicia, lo importante es entender una premisa que traté de dejar claramente planteada en mi recién publicado artículo Los mitos de la democracia burguesa: la democracia no comienza ni termina al elegir a los representantes de la ciudadanía para administrar El Estado. La democracia es una especie de sinfonía compleja, con muchos acordes, instrumentos, músicos y coros, que para disfrutarla a plenitud hay que entenderla.

En este recorrido por el debate contemporáneo sobre la representación política en la que he denominado, “democracia de oligarquías”, paradoja impuesta por las viejas concepciones de dominación, hoy profundamente cuestionadas por fuertes vientos de cambio en América Latina, prestamos mucha atención a sus vinculaciones con los liderazgos políticos tradicionales y con la formación de las identidades políticas, vinculaciones tan oscuras como sugerentes.

Al fijar la atención en los liderazgos políticos “representativos” o la “representación por liderazgo”, y aquí me refiero a todo tipo de liderazgo, partidario conservador, que representa al statu quo y a los llamados “independientes”, estamos, como dice Novarro (ut supra) tocando un punto muy sensible, tanto para la teoría y la filosofía política, como para la vida política de nuestros pueblos.  ¿Son los líderes tradicionales una amenaza para la democracia de los pueblos? ¿Una especie de mal necesario en la democracia representativa burguesa? ¿O son un componente ineludible y revitalizador de la institucionalidad y las leyes?

Como parte de la introducción a la discusión de este problema de la democracia y la representación política, diremos que lo primero que tendemos a pensar es que difícilmente se pueda dar una respuesta generalizada ya que existen toda clase de líderes en los distintos estamentos del Estado y la vida política en general. Lo que si me atrevo a adelantar, es que contradictoriamente, en esta discusión sobre la calidad de la democracia quién no está presente es el pueblo, el demos. Me temo pues, que de este debate político ha quedado marginado nuevamente el ciudadano común. En esto tiene mucho que ver la complicidad de los medios conservadores de comunicación al servicio de los intereses de la oligarquía, factor fundamental del poder de facto.

Si bien, como ya se señaló, el desinterés por lo político es algo universal, en países como el nuestro, donde la diferencia en el ingreso entre el 20% más rico y el 20% más pobre está entre las más grandes del mundo, esta cuestión adquiere revelaciones particulares.

Casi toda la población tiene la percepción de que la política es una actividad casi delictiva y que los partidos tradicionales utilizan los recursos públicos para financiar sus propios aparatos o para contribuir al enriquecimiento personal de sus dirigentes. Una percepción fundada en la corrupción institucional instaurada por muchos años, desde las viejas dictaduras ultraderechistas, que siempre creyeron que el poder político les pertenecía por decisión de la providencia.

Pero, la relación teórica y conceptual entre liderazgo y crisis o ruptura del lazo representativo es también ambivalente. Teóricos de la democracia liberal como Alexis de Tocqueville, sostienen que los pueblos en la república democrática liberal burguesa, se desentienden del problema político para atender otras necesidades y que en consecuencia, “por encima de ellos se alza  un poder inmenso y tutelar que se encarga de velar por su suerte, pero lo que en el fondo persigue es mantenerlos en una infancia ignorante” (Tocqueville:1840)

Por su parte, Vladimir I. Lenin (1919) en su magna conferencia Acerca del Estado, al explicar las diferentes teorías burguesas sobre su origen y definición decía que "en el problema del Estado, en la teoría del Estado, podréis ver siempre (...) la lucha de las distintas clases entre sí, lucha que se refleja o encuentra su expresión en la lucha de conceptos sobre el Estado, en la apreciación del papel y de la significación del Estado y sus representantes"

Sin embargo, para Kelsen (Filosofo del Derecho liberal) desde su insostenible unidad neokantiana-positivista, lo detestable de lo que llama la ficción imaginada, que no es la única en el ámbito del derecho público, es su finalidad política de contener el avance del principio democrático no dando entrada, para ello, a nuevos elementos protagonistas, de hecho, de la política en los sistemas democráticos de su época. Es decir que la ficción es tanto más negativa, “cuanto más se sigue aplicando a unas circunstancias radicalmente diferentes de las que justificaron el concepto liberal de representación en los comienzos del Estado constitucional, bajo la inspiración del dogma de la soberanía nacional” (Portero Molina: 1978)

Al referirnos a la responsabilidad política del representante, ella no supone sólo una relación de compromiso mecánico frente a sus representados. Lo fundamental, de dónde se deriva dicha responsabilidad, es la obligación en que se coloca el político de cara a ideales trascendentales. Responsabilidad es en palabras de Max Weber, “un compromiso ético”. Sobre esta base, podemos decir ahora que la ética pública que habilita a un líder a representar, lo coloca como una única totalidad con el representado y le exige “ser referencia de identificación común, reforzando el sentido de obligación moral con la comunidad” (Cavalli: 1992)

Este es uno de los grandes temas para el cambio: la participación popular menos atemorizada y alienada, más autónoma y libre, más espontánea; por tanto, con más aporte y creatividad porque surgiría desde el sentir de las bases populares, que constantemente están aprendiendo la política.  Unido a esto, el papel de los medios de comunicación, debemos cambiarlo radicalmente para transformarlos en espacios de elaboración desde los sectores populares diversos, espacios de encuentros y polémicas, de búsqueda conjunta de las respuestas a los grandes problemas.

La fragilidad de los consensos y la confianza de los gobernantes, más allá de una supuesta eficacia administrativa coyuntural que pueda ganar admiración, es un reflejo inmediato del problema analizado.

Sin embargo, la alternativa no debe ser renunciar sin más, a la educación militante de los partidos políticos y dejar que se extingan las ideologías que conservan vitalidad, y que a través de ellas los políticos de partido hemos heredado y transmitido de generación en generación. ¿Qué sería de los líderes políticos sin partido o con partidos debilitados, incapaces de tomar parte activa en los vínculos de representación?

El tema de la representación en una democracia real, no es un tema aislado y coyuntural, que se pueda basar sólo en una sentencia de la Sala de lo Constitucional  y se resuelva en una elección; su verdadera importancia radica en la cuestión de qué tipo de democracia estamos pensando para El Salvador, quién es el verdadero poseedor del poder y como se delega y ejerce la autoridad pública.

Esto determina que el conflicto público sea legítimo e inmejorable, y que éste tenga los canales efectivos para administrarlo adecuadamente. La autoridad delegada en la representación puede producir contradicciones y seguir siendo legal y legítimo, lo que no puede es ser representativo sin ser productivo, en términos de protección y de certidumbre basado en la transparencia. La representación política está emparentada con la idea de control, ética y compromiso del representante. El representante lo es porque se somete a la intervención de sus representados, es decir del demos.
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sábado, 28 de diciembre de 2013

Un agradecimiento con reflexión política

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Las negrillas son para efectos de estudio
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San Salvador, 21 de diciembre de 2013.

Estimados compañeros, compañeras e invitados:

Es sin duda, este cariñoso reconocimiento con el que ustedes me honran, una buena oportunidad de reunirnos y charlar un rato…veo a muchos queridos y viejos compañeros sobrevivientes como yo…lo cual me alegra y me asegura que al impulso revolucionario sigue presente.

Gracias a las compañeras y compañeros de MPTIES, que han tenido a bien concederme este reconocimiento de “Profesional del año”, el cual me ha tomado por sorpresa, pues no estoy acostumbrado a que me reconozcan lo que considero mi obligación histórica: luchar incansablemente, contra la injusticia, la opresión, la tiranía, la explotación y todas las formas abyectas que el capitalismo empeña para sojuzgar a la humanidad. Siempre me he considerado un profesional forjado en y para la lucha revolucionaria…practico la ciencia incorporada en la sociedad y el pensamiento crítico, y los concibo como instrumentos para entender la realidad que los seres humanos debemos siempre optimizar.

Ésta, que yo llamo mi obligación vital, es el motor que siempre me ha impulsado a apreciar a mi pueblo y comprender la lucha de otros pueblos, en las que he participado con mi modesto aporte militante, en algunos casos e intelectual en otros. Esta obligación que me impulsa a entender y vivir mi vida así y no de otra manera, tiene también sus orígenes en la primera formación que recibí en el seno de mi familia. 

Mi hermano, Mario Ernesto (Capitán Carlos) valiente guerrero como los héroes legendarios, quizás muy joven para morir, se entregó totalmente a la causa de la libertad del pueblo, cayó herido para luego ser asesinado cobardemente por los verdugos de la Dictadura. Murió como mueren sólo los grandes, desafiando a sus ejecutores y fiel a la causa revolucionaria.

Mi padre, que en paz descanse, fue siempre un militante de la lucha social desde su vida universitaria, lo cual le costó cárcel, tortura, exilio y marginación, pero sobrevivió y nunca pudieron ahogar su grito y su letra firme en su lucha como jurisconsulto en defensa de los débiles, lo cual le granjeó la enemistad y el odio de aquellos, que cuales coleópteros alrededor de una lámpara, vivían como títeres de los regímenes de turno, o simplemente parasitaban a su sombra.

Mi madre, mujer estoica que aguantó toda su vida la aflicción de perder a su familia, pero que siempre estuvo allí para nosotros, que la vimos sufrir lo indecible cuando tuvo que recibir y enterrar el cadáver de su hijo…dicen que no hay dolor más grande…que una madre jamás debería enterrar a un hijo.

Mi esposa, mi compañera de tres décadas ya, Marina (Ligia), presa y torturada, dos años en la cárcel, la cual resistió fuertemente junto a otras valientes camaradas, quienes pudieron ser liberadas gracias a la lucha popular…hela aquí, revolucionaria como siempre y convertida en una lúcida abogada.

No podría entonces yo, soslayar esta obligación que se convirtió hace mucho en mi razón de existir: la lucha revolucionaria…vivir para la revolución, y si es necesario morir…por ella. 

“La Revolución—escribía José Martí a Máximo Gómez, en fecha temprana como el 20 de julio de 1882, desde su exilio neoyorquino—no es un mero estallido de decoro, ni la satisfacción de una costumbre de pelear y mandar, sino una obra detallada y previsora de pensamiento" 

Quiero recapitular para ustedes lo que una vez el Comandante en Jefe, Fidel explicaba: “Voy a decirles una verdad- y no me gusta estar diciendo verdades todos los días, eso sólo es posible con una Revolución. Será como quieren muchos, pacífica, en virtud de la inconformidad, la insatisfacción, sin violencia; pero sí; a lo mejor se puede dar el milagro - ya se han dado otros- de que, a través de las conciencias, podamos lograr aquello para lo cual no se necesitarían las armas”. 

En el FMLN luchamos con la conciencia y las armas, pero resulta que nos damos cuenta que en el mundo hay más conciencia que armas; en este mundo invadido de egoísmo, hay muchas más personas que conocen los problemas, que conocen las verdades y piensan y meditan sobre posibles soluciones, y puede llegar el día en que los políticos estén tan desprestigiados como lo están cada vez más en muchas partes.

“No predico la violencia, insistió Fidel, predico la revolución. Pacífica, quizás; pero revolución. El hombre tal vez sea capaz de lograrlo. Ojalá”

Revolución es, sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas

Sin renunciar a los principios éticos que deben guiar a los revolucionarios, nuestra política debe basarse en la verdad, en la honestidad, buscando la mayor eficacia con base en el análisis de la realidad, contando con las herramientas de las ciencias del proletariado y el arte de la política en su sentido positivo. Esto es, en cada caso, uniendo la mayor cantidad de voluntades para alcanzar objetivos que nos aproximen a la aspiración más noble de la humanidad: la construcción de una sociedad solidaria.

Esta convicción profunda de la que hablamos, sólo puede fundamentarse en una sola guía de acción: la ética revolucionaria, que es la práctica humanista de los sujetos políticos, que estamos comprometidos en la teoría y la acción, con la justicia social, con el cambio de la sociedad capitalista, con el socialismo. Es decir, estamos obligados a predicar con el ejemplo…y a ser probos, dignos e incorruptibles, siguiendo el ejemplo de otro gran camarada revolucionario que siempre me place recordar, Schafik el Comandante, Schafik, el hermano mayor. 

Estimados y estimadas camaradas. 

Amigos y amigas:

Si ponemos atención a la sociedad globalizada actual –en cuanto a la calidad de vida y la existencia de un Estado formalmente democrático- se vuelve obvio que en la mayoría de Estados nacionales, la legitimación para gobernar no se deriva de lo antes mencionado, pues alrededor del 80% de los ciudadanos del mundo están excluidos de los altos beneficios materiales de la sociedad global y gran porcentaje de los Estados nacionales, no califica como Estados democráticos de derecho. La sociedad globalizada capitalista carece mayoritariamente de legitimidad, sostiene el profesor Noam Chomsky. El marxismo demuestra que, el primero de los derechos materiales de la cultura humana, -el de comer y tener casa- es incompatible, para las grandes mayorías, con la lógica del capitalismo. Mientras este derecho gira en torno a la reproducción adecuada de la vida, la dinámica del sistema gira en torno a la producción de la ganancia y del valor. El trabajo existe solo en una forma deshumanizante –como el monstruo de Frankestein- y como mercancía. Es decir, la calidad y dignidad humanas no tiene valor alguno.

Estamos conscientes que nuestro país se encuentra en esta encrucijada histórica, en un momento cuya tendencia apunta a la profundización de la crisis de un régimen político caduco y de un Estado debilitado por el modelo económico imperante, que también hace aguas. Tenemos que desenredar esta especie de nudo y no disponemos de todo el tiempo, y para hacerlo sin que se agudice la violencia social, se necesita insoslayablemente el imperio de la sabiduría, la justicia y la capacidad plena de liderazgos de primer nivel. Estamos entrando a un nuevo período histórico, en dónde el poder oligárquico pierde fuerza y el poder de la gente comienza a alumbrar la madrugada histórica.

En estas circunstancias históricas, se necesita establecer cuáles son las facultades críticas para gobernar con una visión de largo plazo y que propuestas, por exigentes que sean, pueden ser factibles en un corto y mediano plazo. Los recursos limitados del Estado deberán concentrarse en un reducido número de mejoras, capaces de lograr una diferencia real. Pretender abarcar más no sería ni lógico ni responsable, porque no se pueden afrontar las grandes transformaciones recurriendo simplemente a “más de lo mismo pero un poco mejor”. La estrategia óptima reside, por consiguiente en trabajar sobre un número adecuado y realista de reformas con un techo limitado para asegurarles factibilidad, mientras al mismo tiempo, adoptamos una posición suficientemente profunda para que el impacto sobre la capacidad de gobernar marque el cambio frente a la tradicional ineptitud y corrupción demostrada por las administraciones derechistas.

Por lo tanto, es necesario aumentar el poder de la gente, que significa no la desaparición del Estado, sino al contrario el rediseño del mismo, como una creación del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Debe priorizarse la búsqueda permanente de las personas aptas para construir mecanismos de control cristalino en el manejo de la cosa pública y sus instituciones. 

Hacer que el Estado llegue a la sociedad a través de los partidos políticos y las instituciones únicamente, ya no es posible, por eso resulta impostergable crear un nuevo espacio público amplio no estatal, que en coordinación con las instituciones centrales y los gobiernos locales, abra un nuevo lugar de decisiones. Ese deberá ser nuestro gran aporte en un futuro de medio plazo.

Debemos de asumir la política como construcción de fuerzas y eso implica abandonar la visión tradicional de la misma, que tiende a reducirla exclusivamente a lo relacionado con las instituciones jurídico- políticas y a exagerar el papel del estado; en esta visión caen tanto los sectores más radicales de la izquierda, como los más moderados: los primeros centran toda la acción política en la toma del poder político y la destrucción del estado y los más reformistas en la administración del poder político o ejercicio de gobierno. Todo se concentra en los partidos políticos y en la disputa en torno al control y la orientación de los instrumentos formales de poder; los sectores populares y sus luchas son los grandes ignorados. (Harnecker: 2000)

Recapacitar sobre la construcción de fuerzas es también superar la estrecha visión que reduce el poder a los aspectos restrictivos del estado. El poder enemigo no es sólo represivo sino también constructor, moldeador, disciplinante; genera cultura. Si el poder de las clases dominantes sólo actuase como censura, exclusión, como instalación de obstáculos o represión, sería más frágil. Si es más fuerte es porque además de evitar lo que no quiere, es capaz de construir lo que quiere, de moldear conductas, de producir saberes, racionalidades, conciencias, de forjar una forma de ver el mundo y de verlo a él mismo. 

En el marco de la consolidación de una democracia participativa es esencial cambiar el concepto tradicional cerrado y aislado de gobernar, por uno actualizado, abierto, participativo, democrático y fundido con las masas trabajadoras, con el fin de preservar una amplia interpretación del interés público que abarque las necesidades de los seres humanos como un todo.

En eso está empeñado el FMLN, en eso están empeñados nuestros candidatos…pero solos no podremos logarlo, necesitamos el acompañamiento de todas las fuerzas vivas que quieran a este país y crean fervientemente que un El Salvador mejor, es posible…es real…es una utopía realizable…nuestra utopía.

Esta no es sólo una consigna partidaria, ni mucho menos una frase del “marketing electoral”, es una estrategia y una realidad que ya está en marcha hacia el futuro.

Como nos enseñó el Che: todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización.

Este cariñoso homenaje con el cuales ustedes me honran, inmerecidamente digo yo, lo recojo en nombre de todas y todos mis hermanos que donaron generosamente su vida por la causa histórica de la liberación y la revolución.

¡La historia es nuestra y la hacemos los pueblos!

¡Vamos a la profundización de los cambios!

¡Hasta la victoria siempre!

Gracias.
Oscar Fernández
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lunes, 9 de diciembre de 2013

MADIBA: EL INQUEBRANTABLE

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MADIBA: EL INQUEBRANTABLE
Oscar A. Fernández O.

Hombres y mujeres del pueblo, negros y blancos, líderes mundiales, políticos e intelectuales evocan a un hombre que usó la política para construir un mundo mejor, y no para crear una élite corrupta y ambiciosa.

“Mandela siempre será el sudafricano más significativo” dice Frederik de Klerk, último presidente de la Sudáfrica del “apartheid” con quien “Madiba” comparte un Nobel de la Paz, obtenido en 1993, por su lucha en contra de la segregación racial en este país africano.

Desde joven, Nelson Mandela se interesó por la política y la abogacía, además de que demostró su espíritu combativo, primero al rehusarse a ser el líder de su clan en la tribu de los Tembu y después, al ser expulsado del Consejo de Representantes Estudiantiles en el Colegio Universitario de Fort Hare por participar en una huelga estudiantil.

Mandela descubrió las realidades de la opresión blanca cuando se instaló en el barrio negro de Alexandra: pobreza, cesantía y violencia eran pan de cada día en el township. Se inscribió en la universidad de Witwatersrand y comenzó sus estudios de derecho. Para financiarlos, se desempeñó en una serie de pequeños empleos y fue finalmente contratado por un bufete de abogados blancos. La integración fue difícil.

Estos años reforzaron su odio profundo respecto del apartheid: en adelante, Mandela pretendía luchar por la dignidad de la comunidad negra. Uno de sus amigos, Walter Sisulu, lo hizo conocer el ANC, organización fundada en 1911 pero que seguía siendo elitista y carecía de un programa de acción. Adhirió a ella en 1944 y fundó junto con Tambo y Sisulu la Liga de la juventud, cuyo objetivo era reformar el ANC acercándolo a las masas. (Portal Planeta.com)

En 1956 fue juzgado por traición al régimen y permaneció en prisión hasta 1961; en 1962 se le detuvo nuevamente, acusado de querer derrocar al gobierno con violencia, fue condenado inicialmente a 5 años de prisión. En 1962 fue condenado por el régimen blanco a cadena perpetua por “sedición”.

En 1985 el presidente de Sudáfrica Pieter Botha ofreció la libertad condicional de Mandela a cambio de que desistiera de la lucha armada, ‘Madiba’ rechazó la oferta a través de un comunicado en donde establecía: “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Sólo los hombres libres pueden negociar”.

Podemos equivocarnos al creer que Nelson Mandela, el gigante sudafricano, es una especie de pacifista religioso y respetuoso de la legalidad burguesa imperialista, nada más alejado de la realidad. Mandela no tiene nada de parecido con los íconos religiosos y pacifistas sin más. Él fue quien una vez agotada la vía no violenta de lucha, creó y organizó la lucha armada, liderada desde el Congreso Nacional Africano, contra una de las más oprobiosas y criminales estructuras políticas de la historia, el apartheid, apoyado por la decisiva ayuda de Fidel Castro, que dirigió la ofensiva de las Fuerzas Armadas Cubanas, derrotando a los ejércitos de Sudáfrica, Zaire y a los mercenarios angoleños financiados por la CIA, en la famosa “Batalla de Cuito-Cuanavale”, lo cual Mandela agradeció siempre a su gran amigo.

Pero pese a todos estos graves acontecimientos, que causaron muchas muertes, Mandela siempre abogó por reconciliar a los enemigos, por pactar, por entender a quién lo adversaba, por no imponer su criterio. “En el curso de mi vida me he dedicado a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, hasta lograrlo. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”

 Y vivió…y murió…y seguirá viviendo, porque para gigantes como él, la muerte es pura ficción.
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Usualmente negrillas y subrayados son nuestros.