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sábado, 22 de agosto de 2026

Las clases sociales: origen, poder y desigualdad


Las clases sociales: origen, poder y desigualdad

¿Por qué existen las clases sociales? Un examen sobre su origen histórico, su base económica y su vigencia en El Salvador y el mundo actual.

¿Qué hace que un ser humano nazca rico y otro pobre? ¿Por qué unos mandan y otros obedecen desde que la propiedad privada apareció en la tierra? Esta pregunta, sencilla en apariencia, esconde el motor de toda la historia humana. Las clases sociales no son una invención de ningún ideólogo: son un hecho observable, medible y, sobre todo, cambiante.

En este artículo recorremos el proceso histórico que va de las castas hindúes al apartheid, de los siervos medievales al proletariado industrial, y de la vieja "República Cafetalera" salvadoreña a las cifras del Banco Mundial sobre desigualdad en 2024. La causa principal que sostiene este recorrido es material: la posesión o carencia de los medios de producción. El efecto principal es una relación de poder que organiza el trabajo, la política y la cultura de cada época. Y la relación central que atraviesa todo el análisis es la lucha, permanente y cambiante de forma, entre quienes poseen y quienes producen.

Ningún criterio aislado —ni la raza, ni el linaje, ni el mérito personal, ni la educación— explica por sí solo la existencia de las clases. Solo la economía, entendida como relación social de producción, ofrece una explicación verificable con datos duros y comparaciones históricas de largo plazo. Ese es el hilo conductor de las siguientes páginas: mostrar, con evidencia y con la sensibilidad que merece la experiencia humana concreta, cómo la desigualdad se fabrica, se hereda y, a veces, se rompe.

Índice
  1. El proceso histórico de la desigualdad: de la comunidad primitiva a la clase
  2. Castas, estamentos y clases: tres formas de organizar la jerarquía
  3. La base material: propiedad, trabajo y explotación
  4. ¿Qué determina realmente la pertenencia a una clase social?
  5. Weber y la legitimidad del poder: cultura, burocracia y estatus
  6. El Salvador: café, oligarquía y lucha de clases
  7. Las clases sociales en cifras: la desigualdad contemporánea
  8. Preguntas frecuentes
  9. Conclusión
  10. Temas relacionados
  11. Fuentes de información y bibliografía recomendada
1. El proceso histórico de la desigualdad: de la comunidad primitiva a la clase social

Antes del surgimiento de la propiedad privada no existían clases sociales. En el período gentilicio, la tierra y el fruto del trabajo se gozaban en común, y la única diferencia reconocida era la que separaba a quienes dirigían la comunidad de quienes eran dirigidos. No había todavía riqueza acumulada capaz de dividir a los hombres en propietarios y desposeídos.

Ese equilibrio se rompió cuando la división social del trabajo produjo excedentes, sedentarismo, surgimiento de la propiedad de la tierra y posteriormente separó el campo de la ciudad y el trabajo manual del intelectual. Ahí nace la primera fractura: unos acumulan, otros son sometidos. Desde entonces, cada época histórica ha dado un nombre distinto a esa misma relación de fondo: amos y esclavos en el mundo antiguo, señores y siervos en el feudalismo, burgueses y proletarios en el capitalismo.

Esta lectura, entiende la historia como un proceso en movimiento, no como una fotografía fija. Cada forma social contiene en sí misma la contradicción que la empuja hacia la siguiente. El Banco Mundial explica que la desigualdad en América Latina y el Caribe sigue siendo una de las más altas del planeta, lo que confirma que ese proceso dialéctico no se ha cerrado: sigue reproduciéndose bajo nuevas formas.

2. Castas, estamentos y clases: tres formas de organizar la jerarquía

No toda desigualdad se organiza igual. La sociología distingue tres arquitecturas históricas de la estratificación social.

El sistema de castas con una movilidad social nula, cerrada de por vida, como en la India antigua (brahmanes, chatrias, vaisias, sudras, parias) y todavía en el primer cuarto del siglo XXI sigue presente en la realidad social a pesar de que la Constitución de 1950 prohibió la discriminación por castas. El sistema de estamentos, con una movilidad social no tan pétrea como el sistema de castas, predominó en Europa Feudal Medieval. Y el sistema de clases sociales, con movilidad social relativa un poco más flexible según la propiedad y presencia mercantil en el capitalismo.

El sistema de castas hindú, atribuido al antiguo Código de Manú, fijaba desde el nacimiento la vestimenta, la alimentación y el oficio de cada persona, sin posibilidad alguna de ascenso. El apartheid sudafricano y el racismo del nacionalsocialismo alemán reprodujeron, en el siglo XX, esa misma lógica de castas cerradas basadas ahora en el color de piel o el origen étnico, con la diferencia de que carecían de cualquier justificación religiosa tradicional y se sostenían en una ideología de dominación racial.

Los estamentos medievales —nobleza, clero y estado llano— eran algo más flexibles: dentro de cada uno existían capas altas, medias y bajas, y el derecho consuetudinario, no el mercado, regulaba los privilegios. Las clases sociales del capitalismo, en cambio, rompen esa rigidez. La empresa moderna exige movilizar a todas las fuerzas sociales, y esto permite que un individuo hábil o afortunado ascienda o que un aristócrata arruinado termine vendiendo su fuerza de trabajo como cualquier proletario.

3. La base material: propiedad, trabajo y explotación

Aquí entra el aporte decisivo de Marx: la vida social se explica por la estructura económica, no al revés. Las relaciones de producción vinculan a quienes ordenan el trabajo con quienes lo ejecutan mediante los medios de trabajo. Esa relación, en cualquier época, es una relación de clase.

La forma de explotación cambia según el modo de producción. En la esclavitud, el esclavo no posee ni siquiera su propia fuerza de trabajo; pertenece por completo al amo. En el feudalismo, el siervo posee la tierra de hecho, aunque no en propiedad legal; la obediencia se justifica por la religión y la tradición, no por el contrato económico. En el capitalismo, el trabajador es jurídicamente libre, pero depende de vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para sobrevivir.

Engels añade aquí la dimensión histórica y tecnológica: la transformación de las fuerzas productivas —la máquina de vapor, la industria textil, hoy la automatización— reorganiza a la población, las instituciones y la propia estructura de clases. El Fondo Monetario Internacional ha documentado que la desigualdad de ingresos afecta directamente al crecimiento económico de largo plazo, confirmando empíricamente que la estructura material no es un dato neutro, sino un factor que condiciona el destino de naciones enteras.

4. ¿Qué determina realmente la pertenencia a una clase social?

Conviene descartar explicaciones insuficientes. Ni el linaje, ni la raza, ni el mérito personal explican por sí solos la clase social de una persona.

El linaje falla como criterio porque incluso entre la nobleza existieron siempre capas diferenciadas por su fortuna real, no por su sangre. El mérito personal tampoco basta: Epicteto fue un filósofo eminente y siguió siendo esclavo; muchos profesionales brillantes jamás acceden a la clase propietaria por más talento que posean.

El sociólogo mexicano Lucio Mendieta y Núñez sostuvo que el factor decisivo era la cultura, no la economía, porque solo mediante la adaptación cultural se pasaba de un círculo social a otro. Esta tesis, sin embargo, confunde causa con síntoma: la cultura de las clases altas es, en realidad, un efecto derivado de su posición económica, no su causa. A modo de ejemplo y de manera excepcional, digamos, que basta con que un jornalero se gane la lotería para que sus relaciones económicas cambien de inmediato, aunque su cultura tarde generaciones en transformarse.

La conclusión empírica, verificable a través de la historia comparada, es que las clases sociales tienen un origen auténticamente económico: se fundan en el poderío material de unos y en la carencia de bienes de otros. Esa relación desigual es la que obliga a los hombres a agruparse en conjuntos enfrentados por intereses materiales, políticos e ideológicos distintos.

5. Weber y la legitimidad del poder: cultura, burocracia y estatus

Max Weber aporta un matiz necesario que enriquece, sin contradecir, el análisis económico. Para Weber, junto a la clase (posición en el mercado) existe el estatus (prestigio social) y el partido (poder organizado). La burocracia moderna, dice, no gobierna solo por la fuerza, sino porque logra legitimidad: la gente obedece porque cree que el orden institucional es correcto, no solo porque lo teme.

Esta dimensión explica por qué las clases dominantes rara vez sostienen su poder únicamente con coacción. Necesitan que sus valores —el mérito, el ahorro, la disciplina laboral— se conviertan en sentido común compartido por toda la sociedad, incluidos los dominados. Esa racionalización cultural, weberiana en su origen, es la que hace parecer "natural" una desigualdad que en realidad es histórica y, por tanto, reversible.

6. El Salvador: café, oligarquía y lucha de clases

Ningún análisis de las clases sociales en Centroamérica puede prescindir del caso salvadoreño, que ilustra con crudeza la tesis materialista. A mediados del siglo XIX, el café sustituyó al añil como base de la economía exportadora, tras su introducción durante el gobierno de Eugenio Aguilar en 1846. Entre 1881 y 1882, bajo la presidencia de Rafael Zaldívar, las leyes de Extinción de Comunidades y de Ejidos despojaron a las comunidades indígenas de sus tierras comunales, transfiriendo la propiedad agraria a un reducido grupo de familias.

Ese proceso dio origen a las llamadas "Catorce Familias" —cifra más simbólica que exacta, asociada a los catorce departamentos del país— que iniciando su poder económico y político con el despojo de ejidos y comunidades indígenas, controlaron la política y la economía salvadoreñas, gobernando directamente entre 1913 y 1927 a través de la dinastía Meléndez-Quiñónez. Apellidos como Dueñas, Regalado, Álvarez, Hill, Sol y Meza Ayau ocuparon simultáneamente los directorios bancarios, los ministerios y los clubes sociales de élite.

La concentración de tierra y riqueza generó una desigualdad estructural que, según distintos análisis históricos, fue una de las causas de fondo del levantamiento campesino de 1932 y, décadas después, del conflicto armado de los años ochenta. Es la evidencia empírica, no la ideología, la que muestra cómo una estructura de propiedad extremadamente concentrada puede desembocar en violencia política prolongada quando no existen mecanismos institucionales de redistribución.

7. Las clases sociales en cifras: la desigualdad contemporánea

Los números actuales confirman que la lucha de clases, lejos de ser un concepto del siglo XIX, sigue teniendo expresión estadística verificable.

El índice de Gini, es un indicador estadístico, que muestra como se reparte la riqueza de un país. Mide esa desigualdad en el reparto de la riqueza con un número entre 0 y 100, cero es la máxima igualdad y 100 la máxima desigualdad.

El índice de Gini promedio, en América Latina y el Caribe es de 49.7 (2023), y se mantiene hacia 2024 según el Banco Mundial. El Gini más alto de la región, de sus grandes economías es el de Brasil, 51.3 (2024) según la CEPAL y el Banco Mundial. Se reporta que la región con menor desigualdad relativa es el Cono Sur y México, con más o menos un índice de Gini de ~43 según la CEPAL. Con relación a El Salvador se considera un país de ingreso per cápita mediano-alto; pero con desigualdad persistente pese a reducción de la pobreza según el Banco Mundial


Estas cifras son la fotografía actual de una relación de clase que cambia de forma pero no de fondo. La riqueza sigue concentrándose en pocas manos, mientras la mayoría de la población depende de vender su fuerza de trabajo para subsistir. Esa es, en esencia, la relación entre propietarios y no propietarios de medios de producción y  que dividía a amos de esclavos y a señores de siervos, ahora mediada por el salario y el mercado.

8. Preguntas frecuentes
¿Las clases sociales existieron siempre? No. Antes de la propiedad privada, en la sociedad gentilicia, no existían clases; la tierra y el producto del trabajo se compartían comunitariamente.
¿Se puede cambiar de clase social? Sí, aunque de forma limitada. A diferencia de las castas, que son cerradas, las clases capitalistas permiten cierta movilidad ascendente o descendente según la fortuna, el mercado o la capacidad de acumulación.
¿Qué diferencia hay entre casta, estamento y clase? La casta es rígida y hereditaria de por vida; el estamento admite matices internos regulados por el derecho tradicional; la clase social es más dinámica y está determinada por la posición económica frente al mercado en calidad de propiedad de medios de producción.
¿Por qué El Salvador es un caso relevante para estudiar las clases sociales? Porque su historia agraria del café y el poder de las "Catorce Familias" muestran, con datos concretos, cómo la concentración de la propiedad puede generar desigualdad estructural y conflicto social, político y militar prolongado.

9. Conclusión

Las clases sociales no son un dogma ideológico: son un hecho histórico verificable con datos del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la historia económica comparada. Su origen está en la propiedad, su forma cambia con cada modo de producción, y su vigencia actual, en una de sus formas, se mide en cada coeficiente de Gini publicado cada año.

Comprenderlas exige combinar el rigor de la evidencia empírica con la sensibilidad hacia la experiencia humana concreta: detrás de cada estadística de pobreza hay una familia, una comunidad indígena despojada. una propiedad pública privatizada, un trabajador que vende su fuerza de trabajo cada mañana. La ciencia social seria no elige entre el dato y la persona: los necesita a ambos para explicar por qué, siglo tras siglo, la humanidad sigue dividida entre quienes poseen medios de producción y quienes producen.

10. Temas relacionados
  • La reforma agraria en Centroamérica: causas y consecuencias
  • Max Weber y la teoría de la burocracia moderna
  • El coeficiente de Gini: cómo se calcula y qué mide
  • La guerra civil salvadoreña (1980-1992): raíces económicas
  • Movilidad social en América Latina: mitos y realidades
11. Fuentes de información

Fuentes en español
Fuentes en inglés

Nota metodológica: este artículo integra el análisis de un manuscrito académico histórico salvadoreño del Doctor Joaquín Hernández Callejas sobre la formación de las clases sociales, con evidencia empírica actualizada de organismos internacionales. Las interpretaciones históricas y sociológicas propias del autor original del manuscrito se han diferenciado de los datos estadísticos contemporáneos citados con enlace directo a su fuente.

domingo, 4 de junio de 2017

Joaquín Hernández Callejas y el Partido Comunista





Este informe liberado por la CIA para su publicación el año 2000, año en que Joaquín Hernández Callejas murió, revela que en el año de 1949, año del nacimiento de su primer hijo, Joaquín Hernández Callejas se mencionaba entre los posibles aspirantes al cargo de Secretario General del Partido Comunista de El Salvador. Aunque nunca renunció a las ideas marxistas que concebía y estudiaba como pensamiento científico, se retiró de su militancia en el Partido Comunista e incluso, siendo ya abogado, llegó a ser asesor jurídico de la Policía Nacional, en la época de la Dictadura Militar, cuando la dirigía el Coronel Arnoldo Rodezno. Siempre insistíó en que sus servicios eran puramente jurídicos y profesionales en este campo y que nunca delató a ningún ni a ninguna militante de izquierda y que incluso, en todo lo posible, protegió a las personas perseguidas por sus ideas políticas. Probablemente por esta situación un viejo militante, Doctor Jorge Arias, ya fallecido, respetado por su trayectoria inquebrantable, le preguntó al hijo mayor de Joaquín Hernández Callejas, algunos años antes de su muerte, sobre "¿Cómo está Joaquín?" y le pidió que lo saludara en su nombre con expresión cariñosa.

Evaristo Hernández
2017/06/04




miércoles, 2 de noviembre de 2016

El Indiferentismo Político

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El indiferentismo político
Joaquín Hernández Callejas
 
El indiferentismo político ha sido siempre nocivo para los pueblos. En esa indiferencia, en ese desgano, en ese desprecio absoluto a no contaminarse con las "suciedades" de la política, en esa actitud negativa de "mirar hacer" y de "dejar pasar", en esa posición pasiva y derrotista de no meterse en cosas que no se entienden, allí ni más ni menos se apoyan las dictaduras, se sostienen los caudillos, se sustentan las camarillas y las castas y se coloca el más decisivo y poderoso obstáculo para el progreso mismo, ya que no hay más cruel impedimento que aquel que forjamos nosotros mismos al no querer penetrar en la explicación de la situación en que vivimos. Pero ese indiferentismo se explica en nuestro medio, por la falta de conocimientos del grueso de la población, constituida por la clase trabajadora (obreros, campesinos y artesanos) tradicionalmente sometidos al engaño, a la traición y al despotismo de las clases dirigentes, que con una estudiada política de negaciones y de subestimación de ese sector mayoritario del pueblo, han hecho del gobierno, no un organismo mediatorio y conciliatorio entre las clases sociales, sino un instrumento de opresión, minoritario fantástico que protege a los unos aunque sean injustos y que tortura a los otros aunque sean productores del mejor bien social.
 
El pueblo, por esta circunstancia, ha permanecido al margen de la política y de todas las formas superiores de la cultura, accesibles para una minoría que no querido jamás comprender el derecho de gentes, el derecho de todo ser humano a realizar su destino de mayor dignidad y de mejor expresión en la vida. Pero una sana ideología aconseja y demuestra que el gobierno no está constituido por el grupo minoritario que gobierna, que la opinión pública no es sólo el sector que más grita y que las conquistas realizadas no son producto espontáneo de una casta, sino que es fruto elaborado por un largo devenir histórico de la sociedad entera, constituida por los elementos que componen las clases laborales y las clases dirigentes.
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sábado, 16 de julio de 2011

Los Imperios Feudales y el Desarme Mundial

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Los Imperios Feudales y el Desarme Mundial
Por: Dr. Joaquín Hernández Callejas (1915-2000)

Los imperios feudales de Pipino El Breve y de su hijo Carlomagno, en Francia; los ingleses de los Tudor y de los Estuardo; el español de los Reyes Católicos; los germánicos de los Federicos respaldados por los "hungers"; el austro-húngaro de los Habsburgo; se mantuvieron en paz gracias a sus poderosos ejércitos armados hasta los dientes que sin misericordia reprimían cualquier manifestación de descontento por parte de los pueblos oprimidos, humillados y explotados. Al concluir la Guerra de los Treinta Años suscitada entre las potencias feudales católicas y protestantes de la Europa Central y Nórdica se firmó en Westfalia en 1648 una paz que tuvo varios años de duración hasta que fué interrumpida por las Guerras Napoleónicas encaminadas a la instauración de regímenes afines con los ideales liberales de la Revolución Francesa de 1789. Las testas coronadas de la la Europa feudal se aliaron y derrocaron el Imperio Francés de Napoleón I en la Batalla de Waterloo, en Bélgica, en el año de 1814 y Napoleón fué desterrado a la isla de Santa Elena, una diminuta isla del Atlántico sur, donde murió en el año de 1818.

A raíz de los sucesos de la Revolución Francesa, de las guerras napoleónicas y de la derrota de Napoleón I, se celebró en 1815 en Viena, capital del Imperio Austro-Húngaro un Congreso de Naciones, interesadas en los problemas de la paz y de la guerra. En dicho Congreso se acordó la restauración de la Monarquía hereditaria de los Borbones en Francia y la liberación de los territorios conquistados por Napoleón; la devolución de las tierras expropiadas y por primera vez en el plano internacional, se discutió el problema del desarme de todas las Naciones para vivir en paz y buscar el progreso.

Desde entonces el problema del Desarme es obligatorio entre las grandes potencias que se reúnen para dirimir por la vía diplomática sus respectivas diferencias y salvaguardar sus particulares intereses. La idea que ha predominado en estos solemnes cónclaves de la política internacional es el reparto del mundo en zonas de influencia o en colonias, todas las cuales sufren por igual los efectos lesivos de la política imperialista.
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Nota sobre el Imperio Romano

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Una nota sobre el Imperio Romano

Por: Dr. Joaquín Hernández Callejas (1915-2000)

Es sabido que en el antiguo Imperio Romano se mantuvo una "paz perpetua" o "permanente" gracias a que los Césares imperiales mantenían en constante actividad a treinta legiones de hombres armados que acudían a todas partes a sofocar cualquier intento de rebelión. Treinta legiones divididas cada una de ellas en diez batallones de infantería y diez batallones de caballería compuesto cada uno de estos batallones con diez mil hombres de a pié y diez mil hombres de a caballo, en total una suma de seiscientos mil hombres. Unos iban a Inglaterra e Irlanda, otros a las Galias (Francia), a Germania (Alemania), a la Iberia (España), a Egipto, a Judea, a Persia, es decir, a todos los confines del mundo conocido entonces.

Sin embargo el Imperio Romano se murió de consunción interna, es decir que se consumió en sí mismo. La excesiva saturación de esclavos, o mejor dicho, la desmesurada proliferación de la esclavitud, base de la economía del sistema, colmó la medida de su control, que hizo imposible su mantenimiento y su sometimiento: los esclavos se rebelaron clamando su manumición y se impuso, entonces, el régimen de servidumbre que dió origen al sistema feudal.
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sábado, 25 de diciembre de 2010

Raíces económicas del despotismo

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Las negrillas, separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

El Despotismo Oriental
Joaquín Hernández Callejas

La base económica del despotismo oriental

a) La primera figura del Estado aparece en la historia bajo la forma conocida con el nombre genérico de despotismo asiático o despotismo oriental. Los historiadores nos presentan esta forma de Estado desde Egipto, al noroeste de Africa, hasta el Japón pasando por todo el Asia. Este despotismo se caracteriza porque el monarca, llamado (faraón), sátrapa, déspota, tirano, califa, rajá, maharajá, mandarín, etc. reclamaba impuestos cada tres o cuatro meses en el año como una especia de "renta de la tierra". Al cabo de este lapso los pelotones militares se presentaban en las comunidades rurales agrarias y despojaban a las familias de campesinos de todo lo que habían almacenado en aquel corto período. Se llevaban granos, heno, frutos, animales y solo les dejaban los instrumentos de trabajo y escasos medios de subsistencia. La tierra era de propiedad de las comunidades agrarias, pero el dueño de la soberanía territorial era el sátrapa.

b) Este sistema comenzó aproximadamente unos siete mil años A.C. y se perfiló definitivamente con el establecimiento de las dinastías gobernantes cuyo registro está bien establecido en las de los faraones, las de los acadios entre los cuales se cuenta la de Sargón, las de los babilonios entre los cuales se haya Hammurabi, las de los hindúes contra los cuales se rebeló Sidharta Gautama "El Budha", las de China que Confucio organizó con una burocracia obediente y las del imperio del Sol Naciente que aún subsiste con el emperador Akihito.

c) Este régimen de gobierno despótico que ha durado casi nueve milenios ha tenido por base económica lo que los economistas han denominado "modo de producción asiático", que es una forma precapitalista que ha sido de difícil descomposición. Este sistema fue descubierto y escrito en sus memorias por el médico francés Francois Bernier, que fue el terapeuta de cabecera del Gran Mongol, que gobernó en Turquía Europea y Asiática, parte de Persia y el Turkestán de 1650 a 1700. Estas memorias fueron conocidas por Carlos Marx en 1852 y el 2 de junio escribía a Engels revelándole su asombro por la penetrante observación del galeno sobre el sistema de producción en que se desarrollaba la vida económica en aquellas regiones orientales. "He aquí" dice, "el secreto" de la milenaria "paz asiática" la "llave del cielo oriental", o sea el milagro de la inamovible mansedumbre del pueblo asiático.

En efecto: el modo de producción asiático se basa en el sistema de comunidades agrarias que "poseen colectivamente a perpetuidad la tierra y en donde tienen sus viviendas, sus pastizales, sus animales, sus bosques. Los campesinos son dueños del suelo que trabajan, en donde viven con sus familias y sus pertenencias, pero que no pueden vender ni enajenar de ningún modo. Propiamente el dueño es el monarca, el Gran Mongol, pero éste tampoco enajena esa tierra. De esa forma el campesino, o mejor dicho, la comunidad se halla tranquila y, segura y satisfecha; el sátrapa les da protección contra las invasiones de los nómadas y contra las penetraciones extranjeras. Por estas razones las comunidades no se rebelan contra las recaudaciones periódicas de impuestos.

Este sistema es similar al de los Incas, Chibchas, Maya-Quichés y Aztecas a la época del descubrimiento de América.
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El Estado y su pretendida esencia mítica

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El Estado y el Mito
Joaquín Hernández Callejas

El Estado es definido de distintas maneras, pero, en esencia, tienen el mismo objeto: "una organización total de la Sociedad", "la organización jurídica de la Sociedad"; "la autoridad soberana que ejerce el gobierno de las cosas y de las personas dentro de un territorio nacional"; "el poder organizado de una nación"; "una de las formas históricas posibles y concebibles, por la que una comunidad política institucionaliza su unidad, y asume la responsabilidad de su destino nacional".

A esta figura social, jurídica e histórica, se le han atribuido varios elementos, cualidades o propiedades que invaden los linderos de lo mítico. Esos elementos, cualidades o propiedades son: eternidad, divinidad, consubstancialidad (a la naturaleza del hombre), inmanencia (en la esencia de todas las cosas, en el macrocosmos y en el microcosmos); inherencia total (en la esencia de la sociedad humana) anterior a las partes (individuo, familia, sociedad), realización objetiva de la idea, etc. La metafísica racionalista e idealista se ha enseñoreado justificando de la manera más acusiosa y refinada tales atributos. Y así el Estado ha pasado a ser considerado como una entidad mágica, mística y suprema que todo el mundo intuye como un demiurgo: un dios o un demonio, fantástico...

La investigación sociológica, económica, histórica y política de los pueblos, ha venido a demostrar que el Estado es un producto histórico de la sociedad que ha llegado a cierto grado de desarrollo y que, de elemento armonizador de las diferencias con que apareció, se ha convertido en instrumento de dominación por las clases poderosas con el doble objeto de mantener su superioridad y sus privilegios, con lo cual queda destrozada su pretendida esencia mítica.
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viernes, 2 de abril de 2010

Partidos Políticos en tiempo de Jesús (I)

Las negrillas y separación de algunos párrafos son nuestros para efectos de estudio.

Los partidos políticos en tiempo de Jesús  (I)
Dr. Joaquín Hernández Callejas
Diario El Mundo, 1 de febrero de 1968
San Salvador, El Salvador, América Central 

Naturalmente que no estamos hablando de partidos como los constituidos en la época actual en que tales organizaciones son consideradas por algunas constituciones como órganos del Estado. Máxime cuando todos sabemos que en el Oriente asiático la democracia fue desconocida para aquellos pueblos de organización teocrático feudal; y que, por consiguiente, el pueblo judío, en tiempos de Jesús, acataba la ley impuesta por Jehová y refrendada por el Rey el procónsul romano. 

En consecuencia hablamos de “partidos” en el sentido de partes, sectas o grupos sociales que canalizaban la opinión pública aparentemente sólo en cuanto a la interpretación de la ley divina; pero vista con más detenimiento y analizada la composición de las clases sociales y su actuación histórica, se verá que su contraste no obedece sólo a los intereses religiosos, sino también a intereses económicos y a preocupaciones relativas al poder político, sucesivamente en manos de los persas, los griegos y finalmente los romanos, ante quienes Herodes El Grande (el que mandó a degollar a los niños inocentes) ofreció sumisión y obediencia para mantenerse en el trono como rey de los judíos. 

Entre los judíos del tiempo de Jesucristo, cuatro corrientes intelectuales informaban o conducían la opinión pública y se disputaban el disfrute del poder económico y político, a saber: los saduceos, los fariseos, los celotes, y los esenios. Flavio Josefo, el ilustre historiador israelita que nació doce años después de la muerte de Cristo, en su libro HISTORIA DE LA GUERRA JUDAICA citado por Karl Kautsky en su obra EL CRISTIANISMO, dice que hay tres corrientes intelectuales entre los judíos: los fariseos, los saduceos y los esenios. Pero en el transcurso de la historia del pueblo judío se ve claramente que los celotes tuvieron fuerte influencia que no es justificable ignorar de ningún modo, máxime cuando el mismo Flavio Josefo los menciona con detalles posteriormente. 
  
Los SADUCEOS representan la nobleza sacerdotal que había ganado el control del estado judaico. Este control lo tuvieron por mucho tiempo: primero bajo la dominación persa, después bajo los griegos y por último bajo los romanos. Esta nobleza sacerdotal eran los señores absolutos del templo, y no olvidemos que el templo era el símbolo de poder sobre Jerusalén y sobre todo el judaísmo. El pensamiento religioso de los saduceos puede condensarse así: niegan la influencia del destino sobre la vida de los hombres y en todo; a Dios no se le puede reprochar por las buenas o malas acciones de los hombres; sólo el hombre es responsable de sus hechos de acuerdo con su libre voluntad; el alma no es inmortal y no hay recompensas o castigos después de la muerte. Flavio Josefo dice que los saduceos son crueles hasta con ellos mismos y severos con sus compatriotas y los extranjeros. 
 
Los FARISEOS comenzaron a tener influencia unos treinta y siete años antes de Jesucristo al punto que los saduceos dueños del poder actúan con la opinión de los fariseos “porque de otro modo el pueblo no los toleraría” (Flavio Josefo, “Antiguedades”, citado por Kautsky). Las ideas de los fariseos tienen su origen en la secta de los “asideos” dirigida por Judas el Macabeo que luchó patrióticamente contra la dominación de la dinastía griega de los saléucidas unos ciento sesenta y siete años antes de Cristo y fueron gradualmente dominando la opinión del judío común, cobrando más ascendencia que los saduceos aristócratas. A los fariseos se les consideraba piadosos: eran los maestros espirituales de las masas judías; los más astutos, inteligentes y poderosos; podrían haber derrocado al rey y a los saduceos pero como hábiles políticos esperaban una situación favorable para tal empresa. Las ideas religiosas de los fariseos pueden condensarse así: todas las cosas son determinadas por el destino y por Dios. El hombre puede hacer libremente el bien y el mal pero el destino influye en sus actos; el alma del hombre es inmortal; el alma de los justos entra en nuevos cuerpos; el alma de los perversos será atormentada por sufrimientos eternos. En la época de Jesús los fariseos habían alcanzado su mayor influencia en el gobierno de Jerusalén y se habían vuelto indiferentes a las necesidades de las masas.


Usualmente negrillas y subrayados son nuestros.