3/4/10

Partidos Políticos en tiempo de Jesús (y II)

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II.

Los CELOTES (celosos o fanáticos) fueron considerados, al principio, como bandidos y aparecieron entre la gente más pobre de Jerusalén, pastores y campesinos judíos, a medida que se agudizaron las contradicciones entre la Roma Imperial los conquistadores y Judea. Se apartaron de los fariseos que siempre fueron cautelosos y prudentes, calculadores y miedosos. Por eso en su tiempo Jesús llamó “hipócritas”, “sepulcros blanqueados”, a estos.

En cambio los celotes recurrían a la insurrección y a la violencia, provocaron varias insurrecciones y fueron partidarios de la guerra en todo momento; combatían los impuestos y la usura, defendían la libertad como principio al punto de decir que sólo Dios debería ser llamado Señor; se opusieron a los censos; usaron el método terrorista de asesinato por medio de sus agentes llamados sicarios; “dieron lugar a todos los males que después tuvieron lugar” dice Flavio Josefo (Antigüedades) desde su punto de vista farisaico.

Con los fariseos se insurreccionaron cuatro años antes de Cristo, pero diez años después, en otra insurrección, eran enemigos y más tarde, a medida crecía la opresión romana, las masas judías se apartaron de la influencia de los fariseos y engrosaban el partido de los celotes.

Las masas de la ciudad y del campo se hicieron celotistas y fueron las que con mayor firmeza y esperanza creyeron en el cumplimiento de las profecías, relativas a la llegada del Mesías para la redención del oprimido pueblo de Israel.

Los ESENIOS o ESEOS, llamados PIADOSOS, era una secta pacífica que surgió por el año cincuenta antes de Cristo y terminó hasta la destrucción de Jerusalén en el año setenta después de Cristo en que comienza la “diáspora” o dispersión de los judíos sobre la tierra.

Esta secta estaba formada por gente pobre igual que los celotes pero su carácter, o mejor dicho sus ideas eran diferentes. Los celotes, nacionalistas y revolucionarios rudos y violentos, aspiraban que por la fuerza Jerusalén reemplazara a Roma en el dominio del mundo: una vez esto efectuado no habrá padecimiento para el judío. Por eso esperaban al conductor, al Salvador, al Mesías.

Pero no todo confiaban, así: los saduceos y los fariseos (que formaban la intelectualidad judía de entonces) aprovechaban los conflictos sociales y bélicos con Roma para llegar a acuerdos con esta, permitiéndoseles a ellos y a sus partidarios (comerciantes y agricultores ricos) ventajas en el gobierno del reino, y los esenios, por su parte ni creyeron en la llegada del Mesías, ni en los arreglos políticos, sino que directamente organizaron instituciones económicas de defensa mutua, en las villas y pueblos de Judea.

Los esenios vivían en común; rechazan la propiedad privada; el dinero de sus trabajos lo depositan en un fideicomisario que lo emplean para las necesidades de todos; reprobaban la esclavitud; eran agricultores y artesanos; no practicaban el comercio; no producían artículos de lujo ni armas; unos eran practicantes del celibato y otros no creían que Dios “proveerá de todo y que el hombre está dominado completamente por el destino.

En este ambiente nació, creció y actuó Jesucristo. El alto mando clerical judío, el Sanhedrín, lo conceptuó como un reformador de la ley judaica y lo condenó, dando con ello lugar al más grande drama de la historia humana y comienzo de la lucha entre el judaísmo y el cristianismo, subsistente en nuestros días. Las primeras batallas de este conflicto de siglos se encuentran narradas en LOS HECHOS DE LOS APOSTOLES.

Dr. Joaquín Hernández Callejas
Diario El Mundo, 2 de Febrero de 1968
San Salvador, El Salvador, América Central
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